La sociedad actual está evolucionando hacia un mundo sin barreras en muchos aspectos como el económico o incluso el físico. Hoy en día podemos hacer una transferencia de dinero a la otra punta del globo en cuestión de segundos, y viajar cientos de kilómetros para una reunión de trabajo es la tónica general de muchos de nosotros.

Al mismo tiempo, estamos viendo como aumentan las empresas, organizaciones y edificios gubernamentales que disponen de zonas de acceso restringido. El aumento del comercio internacional, las inversiones en I+D y la investigación médica/robótica hace que la información tenga más valor que nunca.

Estas zonas de acceso restringido pueden configurarse de múltiples formas y con infinitas posibilidades. Se puede restringir el acceso al público, a determinados empleados, controlar el paso de personas sólo a unas horas determinadas o crear varios niveles de seguridad.

Nadie puede negar los beneficios de internet para la economía, pero también ha traído un riesgo implícito que nos afecta a todos. Y es que, cualquier persona puede transmitir información a un público global en cuestión de segundos, algo que es maravilloso y peligroso a partes iguales.

¿Qué ocurre si nuestra empresa ha invertido millones de euros en una investigación médica para desarrollar un nuevo tratamiento contra la hepatitis? ¿Y si tenemos una firma de ropa y se filtran nuestros diseños antes de la presentación oficial?

En la era de la información y de las telecomunicaciones nadie está a salvo de las filtraciones, ni siquiera las empresas más poderosas del mundo. Incluso Silicon Valley, emplazamiento conocido por albergar la meca tecnológica que está cambiando el mundo, se enfrenta a ataques diarios y tienen departamentos especializados para controlar las filtraciones y la seguridad.

Establecer zonas restringidas y complementar nuestro sistema de seguridad es uno de los primeros pasos si queremos proteger nuestras inversiones o limitar el acceso a datos confidenciales. Al fin y al cabo, estamos tan sobre expuestos que la privacidad tiene más valor que nunca.