Antes de comenzar a desgranar cómo funcionan los sensores biométricos que escanean la retina, tenemos que aprender a diferenciar entre retina e iris, ya que tendemos a confundir estas partes del ojo.

El iris es una membrana coloreada que se ubica tras la córnea, es circular y está entre la cámara anterior y posterior del ojo. El iris tiene una apertura en el centro que se llama pupila y se encarga de controlar la cantidad de luz que entra en el ojo.

La retina es un tejido que se encuentra en la superficie inferior del ojo, es sensible a la luz y está formada por varias capas de neuronas encargadas de realizar la sinapsis y enviar impulsos nerviosos al cerebro a través del nervio óptico. Tiene una estructura de capilares muy compleja y única en cada persona.

En ambos casos existen métodos de seguridad biométricos que utilizan un método u otro en función del equipo, su potencia y las necesidades de cada cliente. La principal diferencia radica en que el reconocimiento del iris se hace con una cámara que captura la imagen del iris y la compara, mientras que el escáner de retina envía un rayo de luz hacia la parte profunda del ojo que captura la imagen y realiza un escaneo biométrico complejo.

Ambos sistemas tienen tasas bajas de aceptaciones falsas o rechazos. Se consideran sistemas muy seguros porque cada persona tiene un iris o una retina única, además, evitan el uso con un ojo amputado ya que los capilares se deforman de forma muy rápida.

Lo cierto es que ambos métodos son usados a nivel comercial y la diferencia más grande radica a nivel de marketing. Para el usuario medio un lector de retina, escáner de iris o sensor ocular biométrico suena a lo mismo. La mayoría de sistemas incorporan varias medidas de seguridad al mismo tiempo y, aunque el escaneo de iris es más sencillo y barato de conseguir, los lectores de retina siguen utilizándose en muchas instituciones y empresas.