El diseño y la construcción de edificios está viviendo una evolución constante que se puede palpar en todos los niveles del sector. Desde la investigación de nuevos materiales que sean más resistentes, no contaminen o sean reciclables, pasando por una distribución específica para conseguir una temperatura o la luz deseada o incluso persiguiendo la integración con el entorno.

Uno de los factores que han posibilitado este salto cualitativo han sido los diseños 3D, una forma de trabajo muy extendida en la actualidad, ya que los diseños en 3D facilitan la compresión espacial tanto a los arquitectos y diseñadores como a los clientes.

Con un diseño en 3D los clientes pueden conocer con antelación como va a quedar su vivienda de forma exacta. Podrán saber si una habitación es demasiado pequeña, si una mesa cabe bien en una zona determinada del salón, o si los muebles de la cocina quedan mejor en un color u otro. Los diseños en 3D capitalizan nuestro uso de la vista para captar toda nuestra atención.

En el sector de la construcción han sabido sacar partido a este tipo de herramientas y ya es muy común vender viviendas bajo plano, sin que ni siquiera estén construidas. Si bien es cierto que este tipo de venta ya se hacía antes, de ahí su nombre, el uso de maquetas que respetan las proporciones reales de la vivienda y las visitas guiadas al interior consiguen que los clientes sepan por anticipado lo que van a comprar.

Un proyecto de construcción o de reforma que se apoya en el 3D tiene más posibilidades de éxito tanto a nivel técnico como comercial. Por un lado, facilita el trabajo al estudio de arquitectura y a la empresa que ejecute las obras y, por otra parte, a nivel comercial es mucho más fácil atraer a los clientes si les enseñas con imágenes el resultado del proyecto, ya que la mayoría de ellos no tienen conocimientos técnicos para comprender un plano normal.