Cuando tenemos hijos es muy común que los padres se obsesionen con su seguridad, comprando adaptadores de enchufes, cierres de seguridad para puertas, cubre esquinas o vallas de seguridad para las piscinas y escaleras. Pero ¿qué ocurre el resto del tiempo? 

Si por un momento nos paramos a pensar, cuántos de nosotros hemos hecho una inspección reciente para ver el estado de nuestra red eléctrica, del gas o butano, la caldera de la calefacción, la estructura del edificio, el aislamiento de las ventanas o si hay alguna parte de nuestra casa hecha con materiales tóxicos. 

Lo más común es que la gran mayoría no sepa contestar a estas preguntas porque suelen ser temas de los que sólo nos preocupamos en el momento de comprar una vivienda nueva y que luego los vamos enterrando poco a poco. 

¿Sabías que todavía hay muchos tejados antiguos que usan materiales tóxicos como el amianto? Si has comprado un edificio construido en los 50 o 60, hacer reforma en tu hogar e inspeccionar todos estos elementos es una cuestión de seguridad vital para tu familia. 

También hay que revisar las humedades y los hongos, que son la causa de numerosas enfermedades infecciosas respiratorias. De hecho, es muy común que cuando un enfermo va a la consulta de Neumología en un hospital le den pautas para acondicionar su hogar y evitar que los síntomas se agraven. 

Hacer reforma en una vivienda no tiene que verse sólo como un rendimiento económico a largo plazo, sino que tenemos que comprender que la seguridad física y la salud de todos los habitantes de esa casa están en juego. 

A pesar de que la ley obliga desde hace años, todavía son muchas las comunidades de vecinos que no tienen un plan de evacuación, extintores y aspersores de agua para evitar incendios en los edificios.