España es un país donde la universidad tiene mucho más protagonismo que en gran parte de Europa. Las dos últimas generaciones nos hemos criado en un contexto social donde se nos ha enseñado desde pequeños que para tener un futuro y conseguir un buen trabajo debemos terminar estudios superiores. 

Esta mentalidad ha hecho que el número de universitarios sea mucho más elevado en proporción que el de nuestros vecinos europeos y gran parte del mundo. Algo que en términos de seguridad significa que los centros educativos necesitan extremar las medidas de seguridad. 

A diferencia que la enseñanza básica o media, en el entorno universitario existen elementos de gran valor económico e intelectual que necesitan más seguridad: patentes, material de laboratorio, elementos médicos, historial clínico de pacientes, muestras biológicas, proyectos de telecomunicaciones y otros elementos que necesitan vigilancia. 

En una Universidad de Medicina, donde se almacena material peligroso, equipamiento con radiación, muestras biológicas, y se tiene un contacto directo con pacientes en hospitales, las empresas de seguridad tienen que adaptar su metodología para proteger tanto a los alumnos como a los pacientes. Es vital tener sistemas informáticos actualizados y que un equipo de expertos en seguridad esté disponible a diario para cualquier incidencia. 

En facultades como Odontología, Ingeniería de Telecomunicaciones, Física o Farmacia, los controles con cámaras de seguridad, elementos informáticos específicos, controles de acceso para los laboratorios o un sistema de registro para saber quién manipula el material sensible es muy importante para que la seguridad general de todo el edificio se mantenga.